“Para hacer una gran receta, céntrate en un gran ingrediente”. Es lo habitual, ¿verdad? Pensamos en crear o en buscar una idea para elaborar un plato y normalmente este gira en torno a un ingrediente principal. Pero, ¿qué sucede cuando esa fuente de inspiración no forma parte de lo que comemos? ¿Se puede cocinar pensando en un ingrediente que no es un ingrediente? Y tanto que sí. Es más, se puede hacer todo un recetario. ¿Magia? No, creatividad. Sigue leyendo…

Si algo caracteriza a un buen vino es todo aquello que aparentemente no está. La climatología, la cantidad de agua que recibieron las uvas, el momento de la vendimia, cómo y dónde envejeció, por cuánto tiempo… Cada detalle deja su impronta en forma de aroma, sabores y sensaciones, algunos de los cuales recuerdan a ingredientes que no están presentes en la elaboración. El alma de los vinos es algo complejo y sutil, que sin embargo se disfruta de una manera muy sencilla. Una copa, un momento. Y a poder ser, algún otro alimento que lo acompañe. La alianza entre comida y vino se nos ha presentado tradicionalmente en ese orden. Elegimos lo que queremos comer, y a continuación buscamos un caldo que se complemente bien con el menú. Pero si tenemos por delante un vino que nos apetece mucho descorchar, ¿por qué no elaborar nosotros el menú que mejor casa con él? Esta idea es el germen del recetario que creamos para Bodegas Torres. Un racimo de platos en los que el ingrediente principal es el que se sirve en la copa. El encargo resultó muy especial por su naturaleza, pero también por el resultado. Brindamos por ello.

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Cuando Bodegas Torres nos propuso este singular proyecto nos pareció sabroso como pocos. Se trataba de elaborar diferentes tapas para disfrutar Altos Ibéricos, un Rioja Crianza 100% Tempranillo, con las que comida y vino, vino y comida, se apoyaran y se hicieran brillar mutuamente, en feliz matrimonio hasta el fin de los tiempos. O del aperitivo. Esta suerte de maridaje invertido nos permitía afinar al máximo y divertirnos mucho en el proceso. Partiendo de su nota de cata, y con ayuda de un sumiller de nuestro equipo, fuimos seleccionando aromas, sabores y texturas que pudieran realzar y contrastar la personalidad de Altos Ibéricos en una deliciosa conversación. Debían ser tapas únicas y diferentes, para emular la singularidad de un vino cuyas notas de frutos rojos, moras y arándanos lo diferencian de los demás vinos autóctonos. Debían además ser contemporáneas, pero con arraigo en la tradición, como sugiere un crianza que combina ambas tendencias. Y también debían ser vanguardistas pero fáciles de elaborar, perfectas como aperitivo, y para disfrutar cocinando.

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Delantal al pecho, manos a los cuchillos. Los intensos aromas de Altos Ibéricos nos sugerían centrar las tapas en ingredientes con carácter, como carnes, quesos y pescados azules. Los ingredientes complementarios, las técnicas de cocinado, sugerentes maneras de emplatar… todo debía contribuir a esta versión contemporánea y sensual del aperitivo de toda la vida. Tradición, modernidad, creatividad y carácter, cada propuesta hacía honor a su manera a la personalidad del vino. Desarrollando un total de quince platos, permitimos al cliente elegir de entre varios sus diez preferidos, que irían directos al recetario. Realizada la selección, faltaba ponerle cara: una sesión fotográfica con dirección artística acorde al posicionamiento del producto, con estilo vanguardista pero nada recargado, que encajara bien en un ambiente de celebración y también en un domingo cualquiera. Con todo el material listo, el último paso fue diseñar y maquetar el libreto, que se regaló con la compra de una botella de Altos Ibéricos.

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Hay pocas cosas tan sencillas, y a la vez tan valiosas, como disfrutar de una buena copa de vino, un bocado sabroso y una conversación interesante. Es pura filosofía esta aparente simplicidad capaz de encerrar toda una amalgama de sensaciones, ideas e historias. Y es que, por suerte, lo sencillo no siempre es obvio. Nuestro trabajo es así. Contar todo aquello que hace único y especial cada alimento, utilizando caminos que no siempre son los de siempre. Concentrar el trabajo de numerosos especialistas en algo tan pequeño y tan grande como una tapa sorprendente. Seducir e inspirar, ayudar a las marcas a expresarse y a incorporar las tendencias. Ayudar a tus consumidores a entender tu historia, a apreciarla y a mezclarla con la suya. Todo eso, y sólo eso es lo que llamamos branded content. Fácil, ¿verdad? 😉