Comer sin miedo es un consejo útil y necesario en estos tiempos en los que ya no corre la tinta, pero los mensajes en redes sociales vuelan a la velocidad de la luz conquistando a las masas y creando “mitos, falacias y mentiras sobre la alimentación en el siglo XXI”. Somos así de simples, mientras que antes lo que salía en la tele iba a misa, ahora es Internet la nueva “caja tonta” donde campan a sus anchas los que aman el predicar y aleccionar.

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El autor

J.M. Mulet es doctor en bioquímica y biología molecular por la Universidad de Valencia y en su libro “Comer sin miedo”, se ha atrevido a contar en lenguaje sencillo y para todos los públicos, cosas que son de sentido común, pero que -por el revuelo que han causado- seguramente hacía falta decirlas aportando, no sólo humor e ironía sino un análisis científico.

LO QUE COMÍAN NUESTRO ABUELOS SÍ QUE ERA NATURAL
Un tomate de huerta madurado al sol, cogido de la mata en su punto, estará mil veces mejor que un tomate comprado en el súper. Para esto no hay que estudiar. Pero para que todo el mundo coma tomate, la cantidad que le plazca, a un precio razonable y durante todo el año, hay que hacer algunos sacrificios. Esto no significa que el tomate de ahora sea menos natural que el de antes. Según Mulet, todo alimento disponible ha sido fruto de una selección y manipulación hecha por el hombre y no por la naturaleza de miles de años.

LOS FERTILIZANTES Y LOS ADITIVOS NOS ESTÁN ENVENENANDO Y SON CANCERÍGENOS
Hoy en día existe una seria quimiofobia en la alimentación. Y tal es la fuerza, que muchos fabricantes tratan de sacar sus productos con técnicas de conservación que les permita no añadir conservantes porque, como veamos una “E” en la contraetiqueta, es como si viéramos la guadaña. Está claro que, cuanto menos “química” nos metamos para el cuerpo, mucho mejor. Pero aquí Mulet nos recuerda que todo lo que está sobre la faz de la tierra es producto de la química, que necesitamos química para sobrevivir y que lo importante es hablar de dosis. Una dosis ínfima de cianuro no es dañina, pero ya sabéis lo que pasa si te tomas la dosis mágica.
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En cuanto a los fertilizantes, Mulet arremete contra el movimiento ecológico que ha conseguido confundir al consumidor asociando el término ecológico con calidad y mejor sabor. Según el autor, un producto ecológico es aquel que en su elaboración se utilizan pesticidas permitidos por la Unión Europea como ecológicos. Pero esto no significa que el producto resultante tengan mejor sabor o sea de mayor calidad. Esto es muy interesante y debe hacernos reflexionar. Pagamos un sobreprecio importante por los alimentos ecológicos sólo por no haber sido elaborados con fertilizantes. Pero la calidad del producto y el sabor no lo garantiza esa etiqueta de ecológico.

LA LECHE NO ES BUENA PARA LOS ADULTOS
Hoy escuchamos a todas horas que la leche no es buena para los adultos, incluso médicos que aconsejan no tomar leche porque son muchos los trastornos digestivos que provoca. La razón irrefutable parece ser que “ningún animal lo hace salvo el hombre” a lo que Mulet contesta con mucha guasa, “tampoco ningún animal cocina bacalao al pil pil y eso no quiere decir que sea malo”. Según Mulet la leche es un alimento más, valioso por sus propiedades y que, salvo que se tenga intolerancia, cualquier persona puede tomarla.
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LA OBESIDAD ES LA NUEVA PESTE DEL SIGLO XXI
Esto es muy cierto y aquí tenemos todos parte de culpa y responsabilidad. La sociedad y el ritmo de vida que llevamos, la cantidad de alimentos apetitosos que la industria produce abusando de grasas y azúcares para hacerlos más irresistibles, la sobrealimentación, el sedentarismo, la falta de tiempo para cocinar y organizar mejor lo que comemos, la falta de coherencia y responsabilidad hacia la importancia que la alimentación tiene sobre nuestra salud…

Todo esto es un gran problema, enorme, que tiene una solución sencilla lejos de dietas milagros, encimas prodigiosas y cantamañanas que predican en busca del millón de dólares. La solución está en nuestra mente en la mayoría de casos. Y tiene que ver con el balance, el equilibrio, ser conscientes de que nuestro organismo necesita actividad física tanto como descansar, y alimentarse de forma variada y no en exceso. Esto es fácil de entender pero muy difícil de poner en práctica porque conlleva fuerza de voluntad y tesón, y como eso no lo venden en farmacias, pues ahí tiene el agosto toda una industria basada en esta debilidad del ser humano.

La industria alimentaria, por su parte, debería ayudarnos ofreciendo información útil y relevante para nosotros los consumidores. En un anuncio de 30 segundos es imposible, en un envase tampoco, pero en la web y las redes sociales se pueden contar muchas cosas además de recetas y trucos. Algunos ven esto como un terreno pantanoso que muy pocos quieren cruzar, pero quizás ha llegado el momento de ser valientes para volver a ganar la confianza de los consumidores. Las grandes marcas son grandes y duran años, e incluso siglos, justo por eso, porque cuentan con la confianza de sus millones de consumidores, ahora llamados fans.