Para entender por qué a los niños les cuesta tanto comer verdura, hay primero que preguntarse, cuánto necesita comer un niño. Si hablamos de cantidad, la cantidad exacta de comida que necesita ingerir un niño, es directamente proporcional a su tamaño y a su etapa de crecimiento. Cuanto más rápido crece un niño, más comida necesitará. Durante el primer año de vida, los bebés necesitan comer mucha más cantidad porque aumentan su tamaño de manera vertiginosa, triplican su peso, lo que no volverá a ocurrir en ninguna otra etapa de crecimiento. Por este motivo, muchos padres se preguntan cómo introducir las frutas y verduras a los niños.

A principios del siglo veinte la verdura y la fruta, se introducía muy tarde en la dieta de los niños, a los dos o tres años, y con grandes precauciones. Los niños no las necesitaban pues tomaban el pecho, que lleva todas las vitaminas necesarias. Pero cuando se extendió la lactancia artificial, los bebés empezaron a ir cortos de vitaminas y hubo que adelantar de nuevo las frutas y verduras, lo que supuso un problema: su baja concentración calórica. Según el pediatra Carlos Gonzalez, los niños pequeños, tienen el estómago muy pequeño, por lo que necesitan comidas concentradas, con muchas calorías en poco volumen. El problema es que casi todas las verduras tienen menos de 50 calorías por 100 gramos, y muchas incluso menos de 20, mientras que los cereales y las legumbres superan las 100, y la leche materna tiene unas 70 calorías por 100 gramos. La mayoría de las papillas que les damos a los bebés en las que combinamos verduras con carne, no sobrepasan las 50 calorías por 100 gramos y muchas no llegan ni a las 30, por lo que durante el primer año de vida el mejor alimento que pueden tomar los niños es la leche materna.

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En los primeros doce meses de vida, los niños obtienen su principal fuente nutrientes de la leche de sus madres, y es cuando empezamos a introducir el resto de alimentos. Esto es crucial para su educación alimentaria. La OMS (Organización Mundial de la Salud), recomienda la lactancia exclusiva de los bebés hasta los 6 meses de edad y a partir de entonces, es únicamente cuando se deben comenzar a introducir los primeros sólidos de manera gradual, lo que llamaremos alimentación complementaria, ya que, estos alimentos no sustituyen a la leche, sino que se complementan a ella.

Los niños menores de seis meses de edad no deben tomar alimentos sólidos porque:

  • No contienen tantos nutrientes y calorías como la leche.
  • El aparato digestivo aún no está preparado para asimilarlos, y pueden causar problemas.
  • Al tener el estómago demasiado pequeño si toman sólidos, se sentirán más saciados, ingiriendo por tanto menor cantidad de leche materna, y pudiendo causarles desnutrición, ya que, necesitan la fuente de calorías y nutrientes concentrados y de fácil digestión que contiene la leche.
  • El sistema inmunitario del bebé no ha acabado de madurar, por lo que corre más riesgos de desarrollar alergias y de sufrir infecciones.

La alimentación, un proceso natural que requiere experimentación

La clave es tener claro que su alimento principal es la leche, y el resto es un proceso de experimentación hacia su alimentación futura. Hay que jugar con las texturas y dejar a los niños comer tranquilos. Estos no tienen una repugnancia absoluta por las verduras, aceptan bien una pequeña cantidad de este tipo de alimentos, pero su dosis normal suele ser de apenas unas cucharadas. Estamos acostumbrados a dar papillas a los niños y a obligarles a comer, obstaculizando de ese modo su desarrollo alimentario. Los niños deciden solos cuando comienzan a sentarse, a gatear, a caminar, a hablar y en ningún momento los adultos interferimos en ello, dado que lo hacen cuando están preparados y no antes. ¿Por qué tendría que ser diferente con la comida?, un niño comienza a mostrar señales de que se interesa por la comida cuando muestra interés por lo que hay en la mesa, quiere coger la comida y explorarla metiéndosela en la boca, es parte del desarrollo y si les dejamos, los niños aprenden a comer solos.

De otro modo, si decidimos triturarles la comida e introducírsela en la boca a cucharadas, estamos interfiriendo en su desarrollo, estamos obstaculizando ese proceso de experimentación en el que el niño con sus manos y su boca explora los diferentes alimentos, y descubre sabores y texturas que nunca antes había experimentado. Cuando dejamos que un niño aprenda a comer sólo, estamos contribuyendo a que desarrolle las habilidades de masticación, la motricidad fina, y la coordinación visiomotora.

Si dejamos que un niño desde bebé coja un pedazo de brócoli con sus manos, lo estruje y lo lleve a la boca decidiendo en todo momento si lo traga o lo escupe, aprenderá antes a comer y se acostumbrará antes a las diferentes texturas de los alimentos, por lo que en un futuro no le será difícil comer muchos más tipos de alimentos. De otro modo, si somos nosotros los que le damos de comer comida triturada, estamos obstaculizando su aprendizaje, estamos enseñándoles a que nosotros les damos de comer, para un tiempo después, enseñarles que tienen que comer solos, lo que, en definitiva, resulta bastante confuso, ya que anulamos su capacidad de aprendizaje. Gill Rapley, profesional sanitaria y catedrática de alimentación y desarrollo infantil, nos explica muy bien el método de alimentación con sólidos (ACS), para que los niños aprendan a comer solos en su libro “El niño ya come sólo”.

Desde siempre ha sido una odisea introducir las verduras en los niños, pero si tratamos de hacer el momento de la comida como un momento agradable y divertido en familia y si no les obligamos a comer, terminarán comiendo como el resto de la familia. No hay que preocuparse porque coman poco, estamos acostumbrados a sobrealimentar a los niños, pero ellos solos con su instinto son capaces de aprender a comer, eligiendo los alimentos y la cantidad que necesitan en cada momento. Los niños, al igual que el resto de los seres humanos, hacen todo por imitación, por lo que si nosotros en casa estamos acostumbrados a comer verdura a diario, es raro que nuestros hijos no lo hagan.

Si queremos que nuestros hijos coman verdura, lo que tenemos que hacer nosotros es comer verdura. No vale de nada que pongamos a nuestros hijos un plato de judías verdes, si nosotros nos estamos comiendo un bistec con patatas fritas, porque ellos también querrán el bistec con patatas fritas. Es interesante hacer de la hora de la comida un momento divertido, enseñar a los niños a comer con juegos en vez de con chantajes es una buena forma de introducir las diferentes verduras y frutas que hay en el mercado, además de que debe ser un momento familiar para compartir, en el que todos los miembros deben comer a la misma hora sin distinción de horarios. Hacer que participen con nosotros en el momento de preparar la comida también les despierta la curiosidad por comer esos platos que “ellos han preparado” y se sienten satisfechos y útiles de haber ayudado en casa.

Algunas ideas para que los bebés comiencen a familiarizarse con la comida es comenzar ofreciéndoles frutas como la naranja, muy bien lavada y cortada en cuartos dejando la piel. Es una fruta que por su sabor suele gustar bastante y es fácil que la agarren por la piel sin que se les escurra. Para niños que sobrepasen el año y estén acostumbrados a tomar la comida en papilla sería bueno comenzar a introducir la fruta y la verdura en trozos de forma gradual, es decir, ofrecerle un poco de papilla y acompañar con unos trocitos, o prepararles una tortilla de verdura, con calabacín por ejemplo. Y de esta manera comenzará a acostumbrarse poco a poco a la verdura sin que suponga un trauma familiar.

A continuación os ofrecemos dos recetas, una con fruta y otra con verdura para que los niños puedan disfrutar comiendo sano.

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GALLETAS DE PLÁTANO CON COPOS DE AVENA

Receta para niños de 6 meses en adelante.

Esta receta contiene únicamente plátano, que es una fruta muy beneficiosa para los niños ya que contiene, no sólo vitaminas como la C o la B6, si no también hidratos de carbono, ideales para aportar energía al organismo, y copos de avena, que es una gran fuente de fibra, hidratos de carbono complejos, vitamina B, grasas saludable y minerales.

INGREDIENTES:

1 plátano maduro

6 cucharadas de copos de avena

Agua para remojar la avena

Canela (opcional)

PREPARACIÓN:

Remojar los copos de avena en agua durante 15 minutos (esto lo hacemos en el caso de las galletas las vayan a tomar bebés de menos de 1 año, para que no estén duros).

Aplastar el plátano con un tenedor, y añadir los copos de avena (escurridos), añadir canela al gusto si se desea.

Hornear a 200ºC durante unos 5-8 minutos o hasta que estén un poco doraditas.

TORTILLA DE CALABAZA, CALABACÍN Y PUERRO

Receta para niños a partir de 9 meses de edad.

Esta receta no se recomienda en niños de menos edad puesto que el huevo es aconsejable introducirlo en la dieta de los niños a partir de los 9 meses por ser considerado un alimento más alérgeno.

INGREDIENTES:

1 trozo de calabacín

1 trozo de calabaza

½ puerro

2 huevos

Pimienta negra recién molida

PREPARACIÓN:

Cortar el calabacín y la calabaza en cubitos pequeños y sofreír junto con el puerro en rodajas. Cuando todas las verduritas estén pochadas mezclar en un bol junto con los huevos batidos y añadir la pimienta. Cuajar la mezcla en una sartén a fuego medio bajo hasta que obtengamos nuestra tortilla.