Como responsable del proyecto de una marca de alimentación quieres que tu producto tenga visibilidad, que destaque sobre la competencia y que conecte con el consumidor final. Tanto si se trata de lanzar una novedad al mercado como de renovar o actualizar un producto consolidado, necesitas una buena estrategia de comunicación acorde a tus necesidades. Una de las herramientas que mejor funcionan en marketing de alimentación es la creación de recetas exclusivas pero, ¿cuál es la mejor manera de plantear su desarrollo? ¿Cómo podemos planificar un recetario que tenga éxito?

Definir el qué y el para quién

Antes de empezar a idear recetas es esencial tener muy claro qué queremos transmitir y cuál va a ser nuestro público objetivo. Cada producto tiene unas necesidades distintas y no podemos plantear un recetario sin tener en cuenta sus características concretas, su potencial y su target. Además, es importante definir la personalidad y la imagen de lo que tenemos entre manos para que el consumidor reciba un mensaje acorde con la marca y así poder establecer una relación que perdure en el tiempo. Sabes que tu producto es muy bueno y quieres que el público sepa entenderlo; aquí entra en juego el protagonismo de un recetario coherente que no solo exponga sus virtudes, sino que también sirva como nexo de comunicación entre la marca y el consumidor.

Las variables del target al que nos dirigimos

Mediante las recetas exclusivas podemos dirigirnos a diferentes tipos de público, ofreciendo contenidos atractivos adaptados a diferentes necesidades. Hoy en día es absurdo centrar todos los esfuerzos en un único tipo de consumidor, y con un recetario completo y diversificado seremos capaces de llegar a targets muy distintos. Familias con hijos, parejas jóvenes urbanitas, amas de casa, millenials, mujeres independientes, novatos en la cocina, foodies expertos… el mercado es muy amplio y nuestro mensaje puede llegar a todos.

Las recetas variadas, siguiendo una coherencia de personalidad de marca, nos permiten conectar con cualquier target, siempre que tengamos en cuenta variables como la edad y los gustos concretos de cada sector de la población. De este modo podremos enseñar cómo sacar el máximo partido a nuestro producto, con qué ingredientes complementarlo o cómo presentarlo. Conocer al público y adaptarse a él es indispensable a la hora de diseñar recetas y conseguir que nuestro proyecto destaque con luz propia.

Establecer un estilo propio

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Precisamente para destacar es esencial establecer un estilo propio, acorde con los valores que queremos transmitir y que definan la personalidad del producto. Es una buena idea estar al tanto de las últimas tendencias en fotografía gastronómica y estilismo, pero no nos tenemos que sentir obligados a copiar o imitar otros estilos. Hay que buscar el impacto visual, que las recetas se presenten de forma atractiva y apetitosa, pero sin caer en un exceso de atrezzo que de sensación de irrealidad. Las imágenes, ya sean propias o tomadas de fuentes, deberían ser homogéneas y siempre bajo el mismo estilo, pues otorga continuidad y eso ayuda a que el producto y la marca sea fácilmente reconocible por el público.

También conviene fijar el lenguaje que vamos a utilizar en el recetario, cómo nos vamos a dirigir al público y la manera de estructurar las recetas. ¿Vamos a hablar en primera persona o con imperativos? ¿Buscamos un estilo desenfadado o más tradicional? ¿Cómo vamos a indicar las cantidades de ingredientes? No importa tanto lo que elijamos siempre que nos mantengamos fieles al que será nuestro estilo, nuestra personalidad.

Cómo organizar el recetario

Si nos dirigimos a un target variado, es lógico que también lo sean las recetas. Se trata de sacar el máximo partido de nuestro producto dando ideas para utilizarlo en todo tipo de platos, ya sean tradicionales o más modernos, con opciones para todos los gustos y buscando el equilibrio en cuanto a grado de dificultad. También hay que ser honestos: no siempre el producto encaja en todo tipo de recetas, por eso hay que centrarse en las que aprovechan mejor todas sus posibilidades sin forzar. El tartar puede ser el plato de moda, pero quizá nuestro producto no se presta muy bien a una receta de este tipo. No existe una única manera universal para estructurar el recetario perfecto, debemos escoger el sistema que más se adapte a nuestro producto y a su mensaje.

En las campañas monoproducto enseñamos al consumidor a utilizarlo correctamente en casa y a explorar todas sus posibilidades más allá de las elaboraciones tradicionales. Por ejemplo, las legumbres de toda la vida, pueden ser reinventadas para los más jóvenes en platos rápidos y apetitosos. Estos recetarios se pueden organizar en categorías funcionales (“de fiesta”, “para llevar a la oficina”, “recetas exprés”, “picoteo”, “saludable”) o que destaquen la técnica de preparación del producto o el tipo de cocina. Una vez establecidas las categorías hay que procurar ofrecer recetas en todos los apartados, de forma equilibrada, y con alternativas para diferentes colectivos como intolerantes o veganos.

Otros factores a tener en cuenta

como planificar un recetario

Además de la receta en sí misma no podemos olvidar añadir información extra básica como la dificultad, el tiempo exacto de elaboración y cocinado, o incluso si se puede congelar o preparar con antelación. La información nutricional también es muy relevante, son datos que hoy en día demanda todo tipo de público, así como los alérgenos e intolerancias. Es una buena idea introducir alternativas de ingredientes en este caso, enseñando al consumidor que todo el mundo puede disfrutar del producto y de las recetas de forma sencilla. Las sugerencias de degustación también son un buen valor añadido que dan a cada receta una personalidad propia más allá de la cocina, incluso con consejos de maridaje de vino o cómo complementar el menú de forma saludable.

Actualizar y renovarse

Ya tenemos nuestro recetario planteado, estructurado e incluso publicado. ¿Y ahora qué? Para que se mantenga su relevancia no podemos dejar que se quede estancado y olvidado. El público busca siempre la novedad y por eso hay que cuidar las actualizaciones constantes, añadiendo recetas nuevas y aprovechando los posibles nuevos productos de la marca para integrarlos en el recetario. Mantener el interés del consumidor será más sencillo si nos adaptamos a la temporada y a las modas, jugando por ejemplo con la operación bikini, el ambiente de verano, la vuelta al cole, etc.

En este sentido, la planificación del recetario nunca cesa, y siempre hay que ir un paso adelante respecto al calendario. ¿Cómo se adapta nuestro producto a cada momento del año? ¿Qué ventajas ofrece? Además, nunca hay que olvidar la difusión y promoción de los contenidos, compartiendo las recetas a través de las redes sociales, animando a que el público comparta sus platos, organizando concursos de recetas o implicando a bloggers para que hagan sus aportaciones. Se trata de conseguir que el recetario sea algo vivo, en constante crecimiento y en permanente comunicación con los consumidores. En Gastromedia ponemos toda nuestra experiencia al servicio de tu marca para crear un recetario único para tus productos. :G