Desayuno con miel

Despertar con hambre ¡qué placer! Dejarse llevar hacia la cocina sin despertar aún del todo, sabiendo que hay tiempo largo para disfrutar de un buen desayuno. En la mesa queso, fruta, yogur, pan. Miel. Dorada, cristalina, dulce, sensual. Miel. Va a ser un gran día, lo intuyo. Tomo la cuchara  y la sumerjo en el bote, sus estrías se llenan de miel y la levanto para verla a la luz. Ambar. Un hilo empieza a surgir y cae sobre la mesa. Acerco un trozo de pan mientras limpio con el dedo la gota y me la llevo a la boca. Dulce. Los labios se acarician, la lengua lo agradece y lame hasta que no queda nada.

En la ventana una maceta con flores; me parece oír el zumbido de una abeja pero no hay rastro de ellas. Dulce sugestión. La miel es un milagro, un bálsamo. Moneda de cambio en tiempos antiguos, alimento sagrado, conservante, una fiesta en la mesa, la vedette de las meriendas infantiles.

¿Por dónde empiezo? La fruta, el queso, el yogur, el pan, todos casan bien con ella; tomo una naranja sanguina, la corto en rodajas y empieza la fiesta. Cae sobre el pan y se filtra por sus agujeros anunciando otro baile de dedos y labios.

La mañana por delante, miel, tiempo largo. Os lo dije, hoy va a ser un gran día.

Honey Harvest un vídeo de tiger in a jar en Vimeo.

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