Sí, ya sabemos que la comida es lo más, una de las vías más placenteras que existen para garantizar la supervivencia de la especie. Hay algunas aún mejores, pero no podemos ahondar en ellas, que se nos pone tórrido el post. Pero no son las únicas, está claro: un buen plato puede volverse aún mejor si, mientras lo preparas y/o lo degustas suena la canción adecuada.

                  

El tema que da título al post, de Lalo Rodríguez, fue un éxito salsero de los últimos 80 y, aunque hacía referencia más a la líbido de la que te hablábamos antes que a la gastronomía, puede venir fenomenal en lo que preparas un branzino con vino blanco, ostras y champagne o unas fresas con chocolate fundido. Al fin y al cabo, una cosa puede llevar a la otra y tu pareja, sobre el mantel y en el catre, puede terminar aplaudiendo con las orejas. Pero la historia de la música es tan vasta, hay tantos géneros, temas míticos, sugerentes y variados que podrías pasar toda la vida cocinando y degustando sin repetir ni uno sólo de ellos.

La música es muy parecida a la gastronomía: es tremendamente sensorial y evocadora, te trae recuerdos, te transporta a lugares de ti mismo que ni siquiera recordabas que estaban ahí. ¿Por qué no unir la música y el fogón? ¿Por qué no vincular un tema – o un conjunto de temas –, un artista o un género musical a la estrategia de comunicación de tu marca de alimentación? Si haces vídeo recetas, la elección de un buen fondo musical, (además de una cuidada edición y postproducción) puede aportar personalidad y calidad al resultado final. La selección inapropiada de la música de tu vídeo blog de cocina y gastronomía puede ser tan pernicioso como una mala iluminación o la utilización de una vajilla de Duralex de los años 70, si quieres que el resultado sea verdaderamente profesional. Así de exigente es el food marketing.

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Puedes experimentar con la música, tanto a la hora de preparar un menú como a la hora de servirlo en la mesa. ¿Recetas con reminiscencias africanas? Quizás un par de temas de jazz étnico de Richard Bona pueden venir fenomenal para inspirarte o, sencillamente, para disfrutar en casa mientras cocinas, acompañad@ de una copa de vino. Unos gnocchi de espinacas y parmesano seguro que saben un poco distinto si mientras ha hervido el agua estaba Franco Battiato buscando un centro de gravedad permanente ¿Nos sigues?.

Hay tanta música en el mundo como seres humanos y estados de ánimo. Quizás, en tu restaurante favorito, el equipo de cocina se motive escuchando pasodobles y temas de El Fary, aunque en el menú haya esferificaciones de tomate sofisticadas y sea más propenso al sifón de nitrógeno que a los castizos callos picantes. Pero a lo mejor lo que te pone, a la hora de cocinar, es algo más «cañero» como Kiss o la Credance Clearwater Revival. Al igual que en gastronomía, los límites en los pentagramas están para romperlos. Puedes probar hasta con Kika Lorace (sí, es bizarro, lo sabemos).