Rodaje SOS

En Madrid es habitual ver rodajes en plena calle o grandes camiones aparcados junto a edificios en los que se ruedan interiores. Cada vez que me topaba con uno, la idea de pasar un día entre claquetas y esa gente tan moderna que trajinaba con prisa me resultaba muy atractiva. Pero la interpretación nunca fue lo mío, siempre me sentí más cómoda entre fogones.

Esta semana, porque todo llega tarde o temprano, tuve la oportunidad de vivir un rodaje en carne propia. Gastromedia se llenó de cámaras con el Rodaje SOS y a mí me tocaba encarnar a la mujer madura que mima un arroz con bogavante.

La realidad es siempre diferente a lo que la imaginación nos muestra. En un rodaje, el glamour deja paso a grandes pausas entre acción y acción, largas jornadas de más de doce horas de trabajo, repeticiones, nervios, fruta y sándwiches para matar el hambre de mediodía y un arcón de catering para comer.

Rodaje SOS

-Prevenidos, silencio, vamos cuando quieras, ¡acción! Un mantra repetido una y otra vez tras ensayar el mecánico. El ayudante de dirección marca la acción y el director tiene la última palabra. Storyboards pegados en los cristales, 46 planos por rodar. Cansancio. La script se ocupa de que todo esté listo y en cuadro, los personajes correctamente vestidos, los manteles planchados y la vajilla inmaculada. Los cámaras fijan el ojo tras los visores, se suben a escaleras, colocan la cenital, enfocan tus manos, te dan las gracias, les sonríes, hay buena piel.

En cocina trabajan a contrarreloj para que el arroz esté en su punto, el perejil picado y todo tenga lustre. Poli me sopla el guión a las 10 de la noche, cuando la cabeza ya no puede más. Agotador y maravilloso. Uno de los trabajos en equipo más alucinantes que he visto en mi vida.