Uno de los sabores que más me vinculan con la infancia es el de las alcahofas. Las encontraba en la mesa cocidas enteras, listas para ser deshojadas y arrancar su tierna carne con la boca. Las comíamos así muchas veces y su sabor dejaba una impronta inconfundible en nuestro paladar. En el plato un enorme montón de hojas limpias y en la mano un vaso de agua fresca, el contraste definitivo tras el banquete. Ese trago de agua obraba el milagro y dejaba un regusto como de regaliz en la boca, indescriptible, esa magia que los niños agradecen y nunca olvidan.

Alcachofas

Hace semanas, en plena temporada de alcachofas, en Gastromedia estuvimos investigando esta hortaliza. ¿Salteada con jamón? Sí, vale, puede pasar y está muy buena pero, ¿por qué no ir un poco más lejos? Nuestro equipo de cocina ideó una serie de preparaciones en las que la alcachofa es la protagonista, realzando el sabor de croquetas, caldos cortos o una sencilla cuajada de leche.

Esos días degustamos chips y crujientes de alcachofa, albóndigas que presumían de un flamante núcleo de alcachofa, o mahonesas  con la asterácea como saborizante natural. Os dejamos con una muestra de algunos de los platos que cocinamos. ¿Compartís vuestras propuestas con nosotros?