¿Podría la tecnología poner en la punta de nuestros dedos la posibilidad de cultivar nuestras frutas y hortalizas sin necesidad de tener conocimiento técnico en agricultura y sin salir de casa? Eso parece…

El ser humano ha aprendido a alimentarse con el paso de los siglos. De una alimentación basada en la caza y la recolecta pasamos al modelo que hizo crecer pueblos y posibilitar la vida y la prosperidad, el cultivo y la producción alimentaria.

Hoy día la gente está totalmente desconectada con el origen de los alimentos. Vivimos en ciudades, preocupados por nuestro trabajo, nuestra salud, nuestros hijos, nuestros hobbies, pero no invertimos nuestro tiempo, como lo hicieron nuestros antepasados, en trabajar para poder recolectar y comer.

Sin embargo, existe cada día más sensibilidad con respecto a este tema. Incluso movimientos como el de Growing Cities ponen de manifiesto que el ser humano puede y debe hacer algo para implicarse más en algo crucial para nuestra salud y la de nuestro planeta, la alimentación. Surgen así miles de huertos urbanos con la misión de conseguir acercarnos y saber con certeza qué nos llevamos a la boca. Cultivar vegetales y frutas en pequeñas cantidades suficientes para que algo cambie en nuestra mente, un gesto que puede cambiar la forma en la que el ser humano se alimenta. La tecnología podría hacer el resto.

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Javier Morillas, un emprendedor de Almería, ha creado Niwa, un invernadero automatizado y conectado a una app que establece la luz, la temperatura, el agua y nutrientes necesarios para cada tipo de cultivo. El usuario elige la semilla y establece el “programa” preconfigurado en Niwa para ese tipo de cultivo. Niwa controla todas las variables y facilita que cualquier persona sin conocimiento en horticultura pueda cultivar en casa. Niwa consiguió ser financiado a través de la plataforma de crodwfundind Kickstarter y ya ofrece en su web la posibilidad de hacer un pre-pedido.

Si esta tecnología se afina y se produce en masa, en vez de tener un acuario en nuestro salón, podríamos tener un invernadero automatizado del tamaño suficiente como para satisfacer las necesidades de frutas y verduras de temporada de nuestra familia. Esto podría significar una auténtica revolución en la forma en que organizamos nuestra alimentación. Mejoraríamos la calidad de lo que comemos y liberaríamos al planeta del uso masivo agrícola.

Una idea deliciosa que Javier ha logrado financiar y poner en marcha. ¡Bravo!