Qué rico es nuestro idioma. Resulta que no es lo mismo decir fiesta que fiestón, fiestecita o fiestuqui. Tampoco es lo mismo bailar que pegarse un bailoteo. Bailotear es más divertido, dónde va a parar. Añadir ese humilde “ote” sube automáticamente el nivel de despiporre. Y no es el único. Hay otro “ote”, nuestro favorito, que es capaz de transformar ese “picar algo” con el que a veces resolvemos una cena solitaria, breve e improvisada en algo mucho más interesante: picotear. Es decir, en charlar, beber y comer disfrutando del momento y de la compañía. Nosotros, que nos pirramos por cualquier cosa que junte comida con conversación, tenemos esa palabra en nuestra estantería de términos fetiche. Y, mira por dónde, de repente nos encargan hacer unas fotos destinadas a ilustrarla. Ante nosotros, la excusa perfecta para rendirle homenaje. Y para marcarse un picoteo.

laguita-bodegon_2

La cosa iba de fotos. Empezamos bien. La fotografía gastronómica es una parte esencial de muchas de nuestras estrategias de branded content. Así que es un tipo de tarea que conocemos al dedillo y que sabemos hacer muy bien. Pero, en esta ocasión, no iba sólo de fotografiar comida. El vino también estaba en la ecuación. Ahahá, mucho mejor. No es que seamos primos hermanos de Baco, pero para nosotros hay una verdad innegable: el vino –qué tiene el vino– eleva el potencial de gustito de cualquier comida. La cosa ya prometía cuando conocimos el concepto de la campaña para la que iban las fotos, el picoteo. En resumen, tocaba hacer un trabajo que nos gusta con un producto que nos encanta, para transmitir una idea con la que nos identificamos. Esto sólo podía mejorar si lo hacíamos en buena compañía… Y vaya si la tuvimos.

Picoteo es mezclar, tomar de aquí y de allá, compartir varios platos entre varias personas. Es una ocasión de reunión, de intercambio, de disfrute. Todo esto es lo que la campaña debía contar. Para conseguirlo estaba claro esa filosofía debía mandar desde el principio. ¿Cómo? Aplicándonos el cuento, juntando en el estudio a todos los interesados. Pero antes de eso había que preparar la parte técnica y artística: reunión del equipo técnico, bocetos a mano, compra y preparación de los alimentos, atrezzo y preparación del equipo fotográfico. Con todo listo, recibimos en el estudio al cliente y a gente de su agencia de publicidad. El objetivo era hacer unas fotos de diez. Pero con Gastromedia, La Guita y Rumba en un mismo sitio, sonaba a que además íbamos a pasarlo bien.

laguita_makingof

Y sí, lo confesamos. Las fotos salieron así de estupendas porque las hicimos como manda el manual del picoteo: zampándonos un buen vino y bebiéndonos una gran conversación. Bodegón por aquí, sorbito por allá, qué ricas están las gambas, probamos con esto así, vamos a retocar esa copa, te pongo otro poquito… Pero no es lo que estás pensando, la cosa no acabó como en famosa receta de pavo al whisky. A la vista está el resultado­. La buena onda se contagió a las fotos, convirtiendo un buen rato un gran trabajo. Porque está claro que a nosotros nos encanta lo que hacemos, pero este modelo de jornada laboral es de nuestros preferidos. En esta ocasión el lazo que nos unió en sabroso intercambio fue la Guita. Aunque, si se trata de echar un buen rato de charloteo, brindis y algo rico para mascar trabajando en lo que más nos gusta, tampoco nos hace falta que nos toquen las palmas. Para qué nos vamos a engañar.

laguita-bodegon_3

Una foto cuenta lo que pasa delante de la cámara. Las nuestras están siempre mimadas al detalle para transmitir a través de los ojos sabores, olores y texturas. Una buena foto cuenta además lo que pasa alrededor del marco, ayuda a imaginarse momentos, lugares y acontecimientos más allá del encuadre. Para nosotros, estas fotos para La Guita hablan de nuestra capacidad para poner nuestra experiencia técnica y artística al servicio de otros equipos de trabajo. Y también nos recuerdan lo mucho que nos gusta nuestro trabajo, especialmente cuando lo hacemos como se hacen las cosas buenas de la vida: con buena comida, un buen vino y buena compañía. ¿Te vienes y repetimos?