Érase una vez una hoja en blanco. Estaba sola y era pequeña. Pero tenía un gran sueño: llegar a ser importante. Se imaginaba convertida en artículo en un blog que mucha gente vendría a visitar. O en un tuit muy ingenioso, que iría por todo el mundo viajando en forma de retuit. O hecha toda un titular, tan potente que las imágenes vecinas se pondrían verdes de envida. No iba a conformarse con menos. Pero si iba a llenarse de palabras para triunfar, era preciso elegirlas con inteligencia y creatividad. Estaba claro lo que había que hacer: era hora de llamar a un copywriter…

Todo texto comienza así: con una hoja en blanco que se cubre de letras para alcanzar su destino. ¿Lo logrará? No depende de ella, depende del escritor. O de la escritora. Porque todos llevamos dentro el gusto por las historias, escucharlas o inventarlas. Sin embargo, al igual que tener un móvil con cámara no te convierte en fotógrafo, tener acceso a un teclado de ordenador no te asegura que la gente querrá leer lo que escribes. Por suerte, hay verdaderos especialistas en domesticar palabras para que alcancen su final feliz: miles de pares de ojos posadas sobre ellas. De hecho, esos susurradores de textos han existido siempre. Antes se llamaban narradores, escritores o redactores. El mundo de la publicidad los bautizó como copywriters. Y aunque mi madre no sepa pronunciar ese palabro, lo confieso, yo soy una de ellos.

CopywritterElla también es de los nuestros

Cabe preguntarse si esto de juntar palabras merece un nombre tan enrevesado. Después de todo, a escribir nos enseñan con cinco años, no es para tanto. Lo has adivinado, ahora yo te voy a decir que sí lo es, quien no piense que su profesión es fundamental para el mundo tal como lo conocemos que arroje el primer bolígrafo. Pero si estás pensando en activar la alerta anti auto-bombo, espera un poco, que este post viene con una revelación que cambiará tu visión sobre nosotros:

Ser copywriter no va de escribir

¡Chan-tata-chan! ¿Pero entonces? Bueno, digamos que no va sólo de escribir. Siguiendo con la analogía del mundo de la fotografía, limitarnos a redactar textitos sería equivalente a decir que un fotógrafo solo tiene que disparar su cámara. Error. Hay más, mucho más. Veamos:

– Un copywriter inventa. Es responsable del concepto que está detrás del texto, que empieza a formarse mucho antes de garabatear la primera nota en una servilleta (o donde pille). A veces, ese concepto es la idea misma que transforma el concepto en marca – entonces se llama ‘naming’. Es así porque un buen texto publicitario concentra valores de marca, posicionamiento y creatividad, a veces en muy pocas palabras. Podríamos decir que es como una buena salsa que reúne de manera equilibrada muchos ingredientes para crear un sabor delicioso y una agradable textura. El copywriter es el chef que idea la receta, y también el que la elabora y la sirve.

– Un copywriter expande el universo de tu marca. No se expresa igual un banco que una marca de golosinas, ni se escribe del mismo modo en un blog que en Twitter. El copy es responsable de encontrar la voz de tu marca, su estilo y su tono, y amplificarla eligiendo las palabras exactas cada vez.

– Un copywriter da vida a tu estrategia de contenidos. ¿Has oído hablar del branding líquido? Un redactor estratégico logra que lo que quieres contar a tu público adopte formas atractivas que aprovechen a tope el potencial de cada medio. ¿Un concurso? ¿un artículo de opinión? ¿el guión de un vídeo? Si se puede contar, el copy lo puede hacer.

– Un copywriter escribe donde tu marca lo requiera. Y si es en internet, sabe entretejer con maestría palabras clave para que los textos sean atractivos para tus consumidores, y también para los buscadores.

– Un copywriter narra sin palabras. Es capaz de contar muchas cosas que no se leen ni se escriben expresamente. Se alía con los estrategas y los directores de arte para que todo transmita una misma idea. Y puede hacerlo conquistando el corazón, los ojos y los oídos de tus consumidores. En otras palabras: convierte tu marca en una buena historia.

Maravilloso ejemplo de storytelling con un guión muy parco en palabras

Queda demostrado que el copy ha de ser de una pasta especial. No me refiero a la pasta con la que –casi siempre- están hechas sus gafas, sino a los rasgos de su carácter por los que necesitas tener uno en tu vida:

– Es un ser camaleónico. Se enfunda tu marca y la defiende como nadie. Es como si aplicara el método stanislavski al marketing.

– Tiene muchos amigos: se entiende muy bien con los directores de arte, los expertos en SEO y los community managers. Entre todos hacen maravillas.

– Es un mago: capaz de transmitir como nadie sensaciones, sabores, texturas y experiencias usando solo 26 caracteres, espacio, punto y coma. Y a la que te descuidas te arrea un pangrama.

– Es muy listo y muy guapo. Al menos, eso le dice siempre su madre.

– Es el único ser que usa el lenguaje para dejarte sin palabras.

Dicho de otra manera, el copy es un ingrediente esencial de tu estrategia de marketing. En el equipo de Gastromedia somos varios. Quizá por eso nuestros proyectos resultan siempre tan sabrosos. ¿Te animas a probar?